En estos días de nieve, eché unas miguitas de pan en el patio y pronto se acercaron los pajarillos a comer, entre ellos este pequeño y avispado petirrojo.
Me cautivó esa rafaga de luz que le da al arbol de lleno, esforzandose por mantenerse erguido en esa pendiente del barranco del diablo camino de la Selva de Oza en el Valle de Echo.
Cambiando de tercio, dejamos los paisajes y recupero otra imagen del verano en el cementerio de Ribarredonda, se trata del sapo común y este si estaba de buen ver no como la otra entrada del sapo común que estaba escuálido.